domingo, 21 de octubre de 2018

El código indescifrable

sábado, 20 de octubre de 2018

El Disco del Tiempo en Creta. Sigue el hilo de Ariadna. Knossos

Con mi admirado Sir Arthur Evans

Knossos. El admirable laberinto,  la pasión de Evans, su hallazgo, su paciencia, la reconstrucción. Creta y sus árboles, las columnas rojas, los frescos (reproducciones) los canales de conducción del agua, también meandros y en una telaraña, el hilo de Ariadna, el original, único, eterno.

Una hora de camino -a pie- desde Heraclion brinda la visión de Knossos. El complejo palacial es impresionante y my extenso, pero los pasos llevan a las más famosas de las piezas: el príncipe de los lirios, la procesión, el Trono de los Grifos, donde imaginé sentada a Ariadna en El disco del tiempo. 

Se piensa que cerca de Heraclion -si no es que Heraclion mismo- era el puerto de Knossos. Ahi llegó aquel barco negro de velas de donde descendió Teseo, después recuperaría del mar el anillo de Minos -el rey que lanza el anillo al mar, imagen nupcial que evoca las bodas de Venecia con el Adriático, o del Dux con la ciudad y que tendría su origen en la riqueza infinita que Creta, mi isla resplandeciente, irradió hace tantos siglos como sueños ha tenido la humanidad.

Mi isla. 

Soñada en esas páginas de El Disco del Tiempo, hace tantos años que parecen mitos. Hace tantos libros que parecen sueños. Atisbada apenas y hoy realidad. 

Pasa el rey Minos, hijo de Zeus. Oigo respirar al Minotauro, lo custodian las hachas dobles. Veo caminar sombría de deseo a la blanca Pasífae, Dédalo con sus planos bajo el brazo, ensimismado, Ícaro atisbando el cielo...

Y a lo lejos, el mar...

















Knossos. Su imagen


¿De quién es el Laberinto?

Translúcida. Invisible. Telaraña en Knossos

viernes, 19 de octubre de 2018

Sigue el hilo de Ariadna. Nikos Kazantzakis


El hilo de Ariadna es como el duende flamenco: aparece cuando quiere y manda. No fue este el día para ir a Knossos a continuar la visita al Museo Arqueológico, sino para ir al encuentro del escritor y poeta, ensayista, dramaturgo, el cretense Nikos Kazantzakis.
En El Disco del Tiempo, la primera vez que se menciona su nombre es al hablar del aeropuerto. "Nombre de poeta"... Eso lo investigué cuando lo escribí hace 14 años y lejana estaba de aterrizar en Creta. Ahora llegué a Kazantzakis por la puerta del Museo Histórico de Heraklion. La compleja historia de la ciudad que fue romana, veneciana, otomana y teatro de batallas en las guerras mundiales se extiende por varias plantas. El hilo de Ariadna se detuvo en la última, donde están albergados manuscritos yobjetos personales de Nikos Kazantzakis, que los donó a su ciudad.
En este viaje de puertas de percepción abiertas, fue sencillo percibir la presencia del escritor y sentarse sin más a ver una selección de imágenes de películas basadas en sus libros. Zorba el griego y dos acordes del syrtakis que baila magistralmente el mexicano más cretense de todos, Anthony Queen... y en minutos, la esencia completa de La última tentación de Cristo, donde Kazantzakis redimensiona la historia y crucifica al Tiempo.
Después, salir del Museo y buscar entre vericuetos de calles el Memorial de Kazantzakis, encontrar ahí a una joven griega que paseaba y dejaba a correr a su perro sobre el césped que rodea la tumba y que al parecer es su costumbre -qué pensar sino que es vida para la muerte, movimiento para la quietud, sonrisa para la tristeza-  es con su sencilla lápida y el epitafio más hermoso del mundo, escrito en la lengua de los dioses bajo una sencilla cruz, cruz de Cristo, Cristo cretense:

Δεν ελπίζω τίποτα. Δε φοβάμαι τίποτα. Είμαι λέφτερος

«No espero nada, no temo nada, soy libre».








jueves, 18 de octubre de 2018

Sigue el hilo de Ariadna. Museo Arqueológico de Heraklion


El Museo de Heraklion abrió sus tesoros. Como si de una llave mágica se tratara, el camino que he hecho desde hace 14 años en torno a la cultura minoica dio sus frutos. Pues de eso se trata la magia, de recoger el bagaje espiritual y psíquico, concentrarlo y esperar humildemente que acontezca... ¿la revelación? ¿el milagro? ¿la experiencia estética? Si esta es la inminencia de la revelación, como decía Borges, pocas veces ha estado mi conciencia tan cercana a ella como ante esa vitrina que custodia (palabra exacta) el disco de Festos.

Escuchaba las explicaciones de los guías en griego, sin entender pero entendiendo. Una joven madre francesa llegó llena de emoción con sus niños de la mano explicándoleslo que ella sabía del disco. Yo iba y venía, reconociendo todas esas obras maestras de la cultura minoica que había visto en los libros. Ahí estaba el príncipe de los lirios, y las damas de Knossos, y la parisienne, con su rizo de cabello negro sobre la frente. El sarcófago de Hagia Tríada. Las hachas dobles, cuya sombra se percibe en las páginas de las novelas y que encontramos con Enrique Pérez Díaz en Cuba en el Paseo del Prado y en uno de los atributos de Shangó, el más misterioso, quizás, de los orishas.

Me introduje en la estructura de madera que reproduce el palacio de Knossos, complejo como un laberinto... porque ES el laberinto. Vi en un muro la pareja entrañable de amantes que son Ariadna y Teseo y un amabilísimo guardia que me adivinó el pensamiento se dirigió hacia mí entre todos los visitantes para llevarme a la pieza, que es una vasija, que tiene pintada la figura original. 

Horas después, pasada la medianoche cretense, me comunico con Philippe hasta Shangai, donde vive  y me pregunta mis impresiones. Lo que tengo que decirle es tan largo y sorprendente como el río de Heráclito: que somos y no somos, que lo que él hizo hace tantos años en torno al disco de Festos desarrolló su espíritu, que el disco es un objeto sagrado, no una pieza de estudio, y que todo ese conocimiento me lo entregó él a mí y yo a su vez lo puse en un libro.

Mi hijo me pregunta por qué, a los 14 años, amé tanto el disco de Festos. Le digo que el amor no tiene respuesta, que es un mandato que nos pone en movimiento, y eso es. Aquí estoy, 14 años después de haber escrito el libro, en Heraklion, capital de Creta, a la que siento que pertenezco (el mar y la humedad me han ondulado el cabello, como a las cretenses de los frescos). 

Creta, la Resplandeciente isla en la que todo me habla, en la que -como en el poema de Aurelio González Ovies- todo me nombre, todo me dice, todo me afirma. Todo es Palabra.

Tengo fotos, sí, aquí están, pero no es ese mi interés, sino el ver con el ojo de la mente. 

Porque he seguido el hilo de Ariadna y contemplado quizás y solo por instantes breves, el eón de los dioses.






















miércoles, 17 de octubre de 2018

El Disco del Tiempo en Creta. Sigue el hilo de Ariadna. Heraklion

Frente al mar de Creta, del lado de la cámara el maravilloso airbnb de Angelo

¿Son acaso Dédalo e Ícaro volando en el cielo de Creta? Alas puertas del restaurante mexicano AZTECA en Heraklion

Llegué a Heraklion en la tarde del 16 de octubre de 2018. Todo comienza por el cielo y algo de olímpicos tienen los ¿paisajes? celestes que se miran desde el avión. Yo creí ver a Iris desplazándose veloz sobre sus pies de plata y, en las nubes, las "cuadrigas y pegasos" de los que habla Aurelio González Ovies en la entrada del Olimpo en el Diccionario de Mitos Clásicos.




¡Por fin! Las costas de Creta. La Resplandeciente, la Isla de mis sueños, mi Atlántida en muchos sentidos, la que resguarda el misterioso pasado que viene a rescatar lo mejor de lo humano.



Cuando escribí El Disco del Tiempo en 2003... No redes sociales, no twitter, no celulares... solo ¡solo! un internet heroico que presagiaba encuentros fundamentales... se me ocurrió que Nuria llegara a una casa de huéspedes, ¡también porque no existía airbnb! Si lo reescribiera, la alojaría sin dudarlo en el airbnb de Angelo, con vista al mar y puerta al infinito. Ahí ante el azul me enteré el 17 de octubre que Aurelio González Ovies había ganado el Premio de las Letras Asturianas, más que merecido y esperado por todos. Una alegría que el mar de Creta intensificó.


Siguiendo el hilo de Ariadna que me encontré en las calles de Heraklion, investigué cómo llegar a Knossos y a Festos. No tengo prisa, este sueño se disfruta. Tampoco para mi encuentro con el Disco en el Museo Arqueológico. Pronto ocurrirá.



La calle Minotauro y El Disco del Tiempo, decididamente, ¡riman!





Otro de mis sueños: ¡los souvenirs del disco de Festos! Agranda y míralos detrás del libro, en esa linda tienda llena de diosas minoicas con sus poses flamencas, dobles hachas, rythons en forma de toro, damas de Knossos de cintura breve y cabello ondulado... ¡Y los cretenses! Ellos y ellas, delicadas siluetas, ojos vivos, amables y dispuestos siempre a la sonrisa. Y pronto, muy pronto, lo sé, veré al rey Minos, a la princesa Ariadna y a Dédalo, el arquitecto del Laberinto.


El Disco del Tiempo en Creta. Sigue el hilo de Ariadna. París

Montparnasse, al fondo el Sacré Coeur

La magia vive en la literatura y las letras convierten en realidad nuestros sueños. Dicho de otra manera, si tienes el qué encontrarás el cómo. Y en este caso, mi pasión de adolescente por el Disco de Festos se convritió en mi edad madura en la novela El Disco del Tiempo, con la que obtuve el Premio Barco de Vapor 2004 y comenzó mi carrera de escritora.

Las columnas de Burene, que sorteaba Philippe antes de ir a su trabajo en El Disco de Troya... y en la realidad.

Quienes han leído la novela conocen a Philippe, el flamboyante joven francés que existe realmente, y que, como homenaje a nuestra amistad en aquellos años y convertí en un personaje que me ha acompañado a lo largo de ya cuatro novela: El Disco del Tiempo, El Disco del Cielo, El Disco de Troya y El Disco del Sol, las tres últimas publicadas en Cuba en la Editorial Gente Nueva, gracias a mi hermano y alma gemela Enrique Pérez Díaz y, en la actualidad, en Colombia a través de Enlace Editorial... así que, lectores posibles de esta entrada, que posiblemente hayan leído El Disco del Tiempo o los otros "discos"... no pierdan de vista el hilo de Ariadna...


En El Disco de Troya, se menciona el Banco de Francia, fundado por el gran Napoleón I. En la realidad, ahí obtuvo Philippe uno de sus primeros trabajos como ingeniero en cibernética. En la novela, Philippe no tarda en encontrar claves culturales fascinantes en la llamada Galería Dorada, relacionadas por supuesto con la trama de la obra y con los mitos involucrados.

El Palais Royal, tan clásico, preludia el desenfado y genialidad de las columnas de Burene

¿Casualmente?, mi viaje a Creta comenzó por la puerta de París, el 14 de octubre de 2018. Montparnasse, un acordeonista, une bouteille du vin y una insuperable baguette y esto fue todo. Con el hilo de Ariadna en la maleta, volé a Creta el 16 de octubre. La aventura ha comenzado.
sábado, 28 de octubre de 2017

Audiolibro de El Disco del tiempo



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