martes, 26 de julio de 2011

El Disco del Tiempo en 5 palabras griegas

 En el número 7 de Leer y leer (Revista para la animación de la lectura),de Ediciones SM y publicada en mayo 2008, Laura Aguirre me hizo una entrevista para la sección "Un gran autor para un gran premio".

"La entrevista se desarrolla a partir de cinco palabras, elegidas por los autores, que definen su vida y su obra, en esta ocasión entrevistamos a María García Esperón, ganadora del premio Barco de Vapor en 2004, quien en su novela El disco del tiempo enlaza la ficción (mitología y antiguos relatos griegos) con la historia, la arqueología y las nuevas tecnologías".

1.- CRONOS
Es el tiempo. Para los filósofos quizá una de las indagaciones más inagotables que puedan hacerse. Es, como dijo Borges, la sustancia de la que estamos hechos. El misterio que nos constituye. Aquello que portamos, también misteriosamente, fundido con la materia, nuestra materia. El que nos lleva a la vejez desde la tierna infancia... el emblema de la sabiduría. Está en el nombre de mi primera novela porque es el nombre de mi primera indagación, planteada en la infancia: ¿qué es el tiempo? ¿Se puede viajar en él? ¿Fluye o se detiene? ¿Nos separa o nos reúne? ¿Por qué los acontecimientos suceden? ¿Es posible detener al instante, implorarle como Goethe, aquello de “Detente, eres tan bello”? Una de las maneras de fijarlo sin que pierda su esencia evanescente, es a través de la literatura, de la creación literaria, de la poesía. Una novela histórica, una crónica, un poema restituyen la eternidad del acontecimiento mediante el leer y el escribir, esas creaciones humanas.

2.- COSMOS
Es el mundo. El mundo ordenado, bello. (La palabra cosmos es la raíz de la cosmética). El universo que toma nombre y sentido ante la mirada humana que es potencialmente creadora. Todo hombre es Adán, dotado con el poder de nombrar, de hacer suya la belleza del mundo porque al desearla la inventa.
El mundo es infinito pero el ansia de conocer del hombre también lo es. Dijo Heráclito: “No encontrarás los límites de tu alma, tan profundo es tu logos”. La apetencia de mundo, la sed de saber, de conocer es la marca de los grandes creadores y científicos: Dédalo, Aristóteles, Leonardo da Vinci, Alexander von Humboldt. El sistema circulatorio estaba ahí, las cordilleras, las montañas, los volcanes, el vuelo de las aves, las corrientes marinas. Llegan ellos y los apetecen, los nombran, los dibujan: hacen el mundo para los demás, lo ordenan, le restituyen la belleza.

3.- PSIQUE
Es el alma. O la noción del alma como puede comprenderla quien se haya asomado a múltiples tradiciones de sabiduría, no solamente occidentales. El ente de inmortalidad de los egipcios, el principio que transmigra de cuerpo en cuerpo en las reencarnaciones pitagóricas, el “eres tu cuerpo y eres tu alma y es arduo o imposible fijar las fronteras que los dividen”, de Borges; la mordida de inmortalidad que nos define, la trémula mariposa con que la simbolizaron los griegos en el mito de Eros y Psique. La inmortal, otra vez. La que nos reconoce cuando a través de nuestros ojos se asoma desde las obras inmortales de la literatura y del arte.

4.- EROS
Es el amor. “El amor que mueve al Sol y a las demás estrellas”, último verso de la Comedia de Dante y el motor del Universo, la fuerza suprema, la de los muchos nombres y muchos dioses. Se habla del amor al conocimiento y lo cierto es que no hay conocimiento sin amor. El ruiseñor del corazón traspasado por una espina de Oscar Wilde no es distinto a María Curie exponiéndose a la radiación para conocer los secretos del radio. Conocer es una de las maneras de amar, tal vez la más alta, porque aquello que se conoce intensamente con igual intensidad se ama. La ignorancia justifica la destrucción y el odio. El amor, nunca. El amor salva. Une, atrae, sostiene... Los griegos intuyeron que Eros es la fuerza de cohesión del Universo. También entraña la inmortalidad. “Amar a alguien es decirle: Tú no debes morir”, dijo Gabriel Marcel. En tanto que se es amado, se es inmortal.

5.- MYTHOS
Es el mito. El mito en su sentido profundo de verdad esencial que se transmite con un lenguaje imaginario. Decía Borges que la misión del poeta era restituir a la palabra su magia primordial. Yo diría que volver a hacer que la palabra sea un mito. Los mitos crean al mundo a su imagen y semejanza. Los libros, los grandes libros así lo hacen, aportando sentido y patria y sentido de pertenencia y consejo. Las narraciones orales de las abuelas y las nanas, la Biblia, la Torah, el Corán, los poemas homéricos, la epopeya artúrica, las Mil y una Noches, el Chilam Balam, los versos de Manrique, de Machado, de Sabines, la poligrafía de Alfonso Reyes y los innumerables tesoros de palabras primordiales, palabras-mito que ponen en nuestras manos el hilo de Ariadna para que descifremos el admirable laberinto.


A cinco años de haber escrito El disco del Tiempo, al presentar la cuna de los mitos griegos como una investigación que emprenden tres muchachos con las herramientas de comunicación de nuestro tiempo, me doy cuenta que el jurado apostó, para una colección de literatura infantil, por un libro complejo que no ofrece la tranquilidad de la lectura única, sino la aventura de una obra que se critica a sí misma desde una actitud científica. El lector se convierte al mismo tiempo en alguien que quiere distraerse o divertirse, y en el investigador que quiere examinar evidencias, documentos, interpretaciones, incluso considerando la sospecha de la falsificación, cuestión recurrente en la arqueología, como saben los expertos: ¿y si el disco de Festos es falso?

Los buenos lectores son quienes saben buscar y encontrar los sucesivos tesoros escondidos en los libros, y darles múltiples sentidos. Los lectores son los grandes descubridores y científicos que encuentran, en lo que todo el mundo ha leído, lo que nadie ha encontrado. Lee, lee, relee... y encontrarás.

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